En corto: el coaching para directivos no es terapia ni motivación de escenario. Es un espacio para pensar con alguien de fuera cuando uno toma decisiones que no puede consultar con nadie de dentro. Sirve si va con un objetivo concreto y un coach que sepa de su terreno; no sirve como sesión de desahogo sin rumbo. Abajo, para qué vale de verdad y cómo elegir sin equivocarse.
¿Qué es —y qué no es— el coaching para directivos?
Dirigir tiene una parte solitaria: hay decisiones que no se pueden hablar con el equipo (porque les afectan) ni con los socios (porque son parte del problema) ni en casa (porque no toca). El coaching directivo es, sobre todo, un interlocutor de confianza fuera del organigrama para pensar esas decisiones en voz alta.
No es terapia: no trabaja su pasado, trabaja lo que tiene delante. No es una charla de motivación: no busca animarle, busca que decida mejor. Y no es consultoría: un consultor le dice qué haría él; un coach le ayuda a que usted vea con claridad y decida con criterio propio. Son cosas distintas, y confundirlas es la primera fuente de decepción.
¿Para qué sirve de verdad?
Los momentos en que aporta más suelen ser estos:
- Una transición. Acaba de ascender, ha heredado un equipo, o ha pasado de fundador que hace todo a director que tiene que delegar. El salto de rol es donde más se agradece pensar acompañado.
- Una decisión grande y sin marcha atrás. Un cambio de rumbo, una desinversión, un despido difícil, una reestructuración. No para que se la resuelvan, sino para verla desde fuera antes de dar el paso.
- Un punto ciego. Todos los tenemos, y por definición no los vemos solos. Un buen coach hace las preguntas que nadie de dentro se atreve a hacerle.
- La soledad del cargo. A veces basta con tener un sitio donde bajar la guardia y ordenar la cabeza cada quince días.
¿Cómo elegir coach sin equivocarse?
El mercado del coaching está lleno de todo, así que conviene filtrar con cabeza:
- Que entienda su terreno. Un coach que ha estado cerca de la dirección de empresas entiende sus dilemas sin que se los tenga que explicar desde cero. No hace falta que sea de su sector, pero sí que conozca el peso de decidir.
- Que le rete, no que le dé la razón. Si sale de cada sesión sintiéndose muy bien pero sin haber cambiado nada, no es coaching, es compañía. El valor está en la incomodidad útil.
- Con objetivos y final. Desconfíe del coaching sin meta y sin fecha de revisión. Un buen proceso empieza sabiendo para qué es y cuándo se comprueba si ha servido.
- Con química, pero sin depender. Tiene que poder ser sincero con esa persona. Y el objetivo es que usted decida mejor solo, no que necesite al coach para decidir.
Cómo lo trabajo yo
Acompaño a quien dirige desde el lado de las decisiones: pongo las preguntas que dentro nadie hace, ayudo a ver el problema desde fuera y a que salga de cada sesión con algo decidido, no solo hablado. Con objetivo claro y con final: no vendo dependencia, busco que usted vuelva a decidir por su cuenta, mejor que antes. Si quiere ver si encaja con lo que tiene entre manos, escríbame y lo hablamos. Y aquí tiene cómo trabajo el coaching para directivos.
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